Aquella ingenuidad sonroja su vergüenza. Presumí
ser domador,
más preferí ser el león ante esa hermosa violencia. Me sacaste a bailar, y quedé
emborrachada, ya no puedo renunciar al orgasmo sin final que tu piel me ha
regalado. Muero en tu cuerpo; revivo en él. Siento fervientes mis ganas
de ser. Te invito a transpirar la magia que inventamos. Siento en mis manos,
la felicidad. No quiero ni pensar en que mi
alma carezca de ese hermoso cuerpo azul, es
como un jueves sin Gulp, como un sábado sin Reina. Pelada tu dulzura, hermosa
asignatura. Hoy la luna se enroscó, me miró mal, me celó, por nuestra
aventura diurna.
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